LA TERAPIA DE PAREJA: LA PAREJA EN LA FAMILIA Y EN LA SOCIEDAD.

 

 

Uno de los motivos más frecuentes por los que la gente inicia una terapia tiene que ver con conflictos de pareja. Los síntomas generados por la dificultad en la relación son variables, ansiedad, depresión, baja autoestima, desesperanza, angustia.

Vivimos en una sociedad cambiante, acelerada, donde la forma de relacionarse va adquiriendo nuevos matices. Una sociedad líquida aseguraba el fallecido filósofo de la modernidad Zygmunt Bauman. Los cambios sociológicos son tan rápidos que no hay manual de instrucción que tenga tiempo a actualizarse. Cada uno hace lo que puede en este tren de alta velocidad que es ahora nuestra sociedad.

Si giramos la vista atrás no hace tanto tiempo que la familia extensa (padres, hijos, abuelos y a veces alguna tía que quedó soltera), componían el núcleo familiar.  Este modelo era bastante usual en los años 50. Los movimientos migratorios internos buscando trabajos no tan arduos como el campo desplazó las familias a las ciudades. El nuevo modelo de familia nuclear estaba compuesto ahora por padre, madre e hijos. Era un modelo patriarcal donde el hombre ejercía el poder sobre toda la familia y la jerarquía en la pareja no era igualitaria. El avance de los derechos de las mujeres cambia la estructura familiar. La incorporación al trabajo, la vida fuera del ámbito interno familiar, la conexión con lo externo de la mujer abre nuevos horizontes en la configuración familiar. Ellas reivindica un papel igualitario con el hombre, horizontal, esta regulación aún está por finalizarse y no sabemos cuantos años aún estará en proceso de cambio. Las parejas deciden romper las relaciones si no se sienten cómodas en la convivencia. Se producen nuevas familias: mononucleares (padre o madre solos con hijos) o ensambladas (separados con hijos se juntan con otros separados con hijos). Se normalizan las parejas homosexuales y no se ve ya como tabú que los adolescentes elijan para su relación ahora una persona de su mismo sexo y ahora otro del sexo contrario. Ah! olvidaba las familias mononucleares con un hijo “sin padre”, reproducción asistida.

Dentro de todo este marco la pareja sigue siendo el subsistema capaz de generar vida e influir decisivamente desde lo relacional en las vidas de los hijos. Desde que Freud señaló en las alianzas con la madre e hijo (complejo de Edipo) o las alianzas del padre con la hija (complejo de Electra) los motivos de nuestro carácter, no hemos avanzado mucho en cuanto a cambios de paradigmas. Mucho nos tememos que no habrá un cambio sustancial de paradigma, a no ser que construyamos una sociedad “mundo feliz” ese lugar que idealizó Aldous Huxley donde la reproducción era totalmente asistida y se podían fabricar individuos con características perfectas a demanda de la sociedad. De todas formas, en ese estado de cosas posiblemente tendríamos que hablar de una trasferencia del padre al Estado, con lo que la teoría freudiana persistiría.

La pareja es el susbsistema (sistema dentro de un sistema que es la familia), donde ocurren las cosas más importantes. La pareja adquiere diferentes funciones, acompañamiento, reproducción, crecimiento. Cuando la pareja se proyecta hacia la creación de una familia y la incorporación de nuevos miembros a la base dual, opera el primer triángulo. Murray Bowen y otros autores aseguran que el triángulo es la molécula emocional más pequeña. Y desde la teoría triangular todo sistema está compuesto por una estructura de triángulos inmensa fundamentada en el triangulo esencial: padre-madre-hijo.

Es habitual, y en estos tiempos muy habitual traer a los adolescentes o niños a terapia.

Los niños son parte de un sistema triangular formado por el subsistema papas y niños. Entiendo que la perspectiva médica actual impere en todos los ámbitos de la salud. Esta perspectiva es una mirada lineal de efecto-causa, propia del lenguaje mecanicista y cartesiano, donde observamos los fenómenos separados de su entorno. Así aplicaremos el protocolo: preguntamos al niño que le ocurre; elaboramos un diagnóstico; la familia descansa, ya sabe lo que le pasa al niño; aplicamos un tratamiento.

La mirada sistémica es más abarcativa. El niño “trastornado” es el síntoma de lo que está ocurriendo en la familia y sobre todo de lo que ocurre en la pareja. No es posible explicarse el fenómeno aislando al niño de los padres ni tan siquiera es posible con la mirada médica encontrar una solución. Si claro, diría nuestro amigo psiquiatra, podemos encontrar una descompensación química en el niño y administrarle medicación para equilibrar esa descompensación. O sea, introducir un elemento nuevo en el complejo familiar, la medicación. Como introducción de nuevo elemento que afecta al sistema estamos de acuerdo, en la práctica sólo eso pocas veces es capaz de cambiar todo el entramado relacional de la familia.

Cuando en una pareja simétrica (una pareja jerárquicamente horizontal donde se discuten los puntos de vista propios y se llegan a acuerdos), tiene un hijo. Este se siente bien teniendo a sus dos padres y con la sensación de que es el “tercero” en los asuntos. Cuando se haga mayor posiblemente su tendencia será ir a buscar otro nido. Este panorama sería el ideal, el evolutivo, el deseable.

Pero no siempre sucede así. La vida siempre es imperfecta.La pareja es un subsistema mucho más complejo. Muchas parejas son complementarias, es decir un miembro ejerce una actitud dominante y el otro tiene una posición adaptativa. No se dicen las cosas y presumiblemente en la pareja todo anda bien. El miembro que ocupa la posición adaptativa tiene muchas opciones de caer en una depresión o proyecta su ansiedad en un hijo. Este hijo tiene una alianza con el padre adaptado y toma para él un síntoma o en casos más dramáticos una enfermedad manifiesta. Entonces el foco de atención se vuelve hacia el hijo. Esto hace que la tensión entre los padres disminuya. ¡Es una regulación perfecta! Con graves consecuencias para el hijo, claro. En la gran mayoría de los casos cuando se les propone a los padres que acudan ellos a terapia y dejen el hijo en casa, cambian a otro terapeuta con una corriente más “médica”. Podemos entenderlo, la propuesta de los terapeutas sistémicos es ver que temas ansiosos oculta la pareja y si ellos pudieran confrontarlo posiblemente no habría un hijo sintomático. Así que nuestra labor no es fácil.

Ahora me quiero centrar en la pareja. Pongamos por caso que la pareja desea hacer una terapia y mirar sus asuntos. Las primeras sesiones transcurren en un gracioso “y porque tu…” que cuando dura mucho deja de ser gracioso. Una segunda parte es empezar a responsabilizarnos del baile que hacemos con la pareja. El movimiento danzante no es lineal, con esto queremos decir que no es uno el causante y el otro el afectado. Los dos son causantes y afectados. Si uno es prepotente el otro es inhibido. Cambiando uno de los dos factores o los dos a la vez la circularidad se rompe.

Sin embargo, quiero poner el punto dentro de la terapia de pareja no en la pareja en sí. Los mejores resultados que hemos obtenido no son trabajando con lo actual, es decir con la pareja, sino con nosotros como hijos en la triada que tenemos con nuestros padres.

Fritz Perls, otro prestigioso terapeuta diría que no es necesario mirar al pasado, puesto que lo que emerge en el aquí y ahora es el pasado inconcluso, entonces basta con inferir en el ahora. Este argumento se contraponía al psicoanálisis, terapia imperante en su época. Con esto decimos que aquellos enredos en los que estuvimos como hijos y que estamos aún con nuestra familia de origen emergen con nuestra pareja y después con nuestros hijos.

¿Como estamos enredados con nuestra familia de origen?, ¿que nos contamos?, ¿cuáles son los mitos?, ¿qué relatos se ensalzan como la verdad de lo que ocurrió? Dejamos a un padre autoritario que nos es “imposible” confrontarlo y empezamos una relación con una pareja dominante. O tenemos una madre depresiva y o sorpresa, nuestra pareja también después de algunos años parece tener esos rasgos. Imaginemos una persona donde en su familia de origen habría dificultades económicas, varios hijos, uno de ellos con una grave patología, otro que falleció a los pocos años de edad, los padres hacen lo que pueden y la el carácter de esta persona se adapta a la situación y decide ser responsable y obediente, como un ajuste al sistema. El aspecto creativo, libre y risueño queda oculto. En un ajuste del sistema, la personalidad se rigidiza, oculta su malestar ya inconsciente con una defensa que es el niño obediente y adaptado, oculta sus emociones y se viste de cierta responsabilidad pseudoadulta para tapar sus heridas. Casualmente se casa con una mujer emocionalmente explícita hasta tal punto que muchas veces las emociones dominan su vida. La dificultad en la convivencia está servida. “Dos niños heridos” intentan subsanar sus heridas en el aquí y ahora como buscando una segunda oportunidad para reconciliar aquello que fue del pasado. No hemos entrado en las heridas de ella por no aburrir al lector, pero imagínese también una situación enredada.

He escogido este ejemplo por ser algo habitual en la media de todos nosotros. Podríamos poner ejemplos con familias de origen multiproblemáticas y tendríamos parejas con violencia de género, o hijos con trastornos muy graves.

Las familias son imperfectas per se, cada una hizo lo que pudo y se adaptaron como pudieron de una manera automática e inconsciente. Nuestra propuesta es tomar conciencia, hacer luz allí donde hay oscuridad.

Delante de los problemas actuales que tenemos con nuestra pareja, después de tratar los temas de comunicación y ver nuestra danza circular, tal vez podemos hacer una mirada hacia atrás, seguramente que dolorosa, con los padres y hermanos si están vivos o con una comunicación epistolar si ya no están. También los trabajos de psicodrama grupales ayudan a esta actividad. En nuestra experiencia cuando uno es capaz de solucionar aquello que viene de atrás, deja de sentirse “enredado” y aparece un hombre o una mujer nueva, libre, con sentimientos que ya no le traicionan. Con capacidad de crear, hacer y vivir. Desde ahí este hombre o esta mujer posiblemente se relacionará con otro hombre o mujer también libre.

Al final nuestro cometido como terapeutas de pareja es acompañar a hombres y mujeres a sentirse libres. Y esto significa ser ellos mismos, habitar sus cuerpos, tomar las decisiones que no estén afectadas por los enredos de la familia de origen. Ahí también hay más posibilidades de educar a unos hijos también libres.

 

Jordi Gil

 

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EL VIAJE DEL DOLOR

 

Cuando acontece la muerte de un ser querido, empiezan dos viajes que separaran las almas de aquellos que se amaron. Uno viaja hacia el reino de los muertos y el otro atraviesa “los infiernos” para situarse en el reino de los vivos.

El doliente comienza su viaje con una parálisis física y mental donde su comprensión quedará anulada. Es al cabo de un tiempo, corto, que empezará su éxodo al más temible reino Dantesco.

Le asaltarán dudas y preguntas. Los eternos porqués, cómo a mí, si estaba en lo mejor de su vida, hay quien juega constantemente con la muerte y no le sucede nada, sin embargo, a él…

Preguntas que en este primer trayecto del viaje no tienen respuesta. Preguntas que le llevan a una situación de impotencia y de rabia. El duelo es una lucha, un batirse contra nada ni nadie. Un subirse al ring donde hay un solo luchador, el doliente. Preso de furia se batirá contra un contrincante que no existe, algunos esa nada prefieren disfrazarla de Dios, otros de destino o simplemente es la muerte. Lo cierto es que esa ya es de antemano una batalla pérdida.

Las preguntas nos llevan a buscar una respuesta o una comprensión con la esperanza de que en la respuesta obtengamos la paz. Sin embargo, la pregunta lanzada al aire no devuelve respuesta alguna. Y el luchador cae abatido y triste con la espada en la mano y las rodillas en el suelo, exhausto, dolido.

Tendrá que bajar más a los infiernos que tan bien describe Dante en la Divina Comedia, para vivir en carne propia los dolores más agudos que jamás haya tenido. El fuego de la transformación, la disociación de su propio cuerpo lo llevará a los más altos estados de conciencia, sin tan siquiera haberlo pedido.

La comprensión llegará, no como respuesta a un diálogo Socrático, sino como el resultado experimental y corpóreo al que lleva el entendimiento más alto. Nuestro ser más elevado en comunidad con los estados más sutiles se tranquiliza al obtener las respuestas que esperaba.

Cuando el doliente vuelve del viaje ha entendido muchas cosas, su vida ha cambiado, su percepción sobre el mundo que le envuelve es otra muy distinta a la del  inicio del viaje.  Tuvo que entrar en los infiernos sin ropaje, luchar contra monstruos incorpóreos, aceptar la humildad de que es más pequeño que la muerte y  que el destino. Sus vestiduras y personajes variopintos no le sirvieron de mucho ante tamaña batalla. Aprendió a gritar a enfadarse, desde el ya nada me importa descubrió nuevas partes auténticas de él mismo.

Comprendió al haber estado un tiempo transitando por la muerte que su lugar está en la vida y que vivirla es un acto de responsabilidad con él y con los otros.

Jordi Gil

¿Es real cuando decimos en duelo?:” Lo dejé en el pasado, ya no me afecta”

¿Es posible dejarlo en el pasado, realmente?. Tomamos el tiempo como si de una distancia se tratara. Dejar en el pasado implica también un espacio, un espacio lejano.

Pero,¿es esto posible?. Tenemos una concepción de tiempo lineal donde el concepto se imbrica con el espacio. Es un concepto cartesiano de espacio-tiempo. Pero,¿ y si el tiempo no existiese?. De hecho para nuestro cerebro el tiempo no es lineal. ¿Os ha pasado alguna vez  traer con la mente un hecho en particular y vivirlo como si fuera ahora lo que ocurrió hace varios años?. Entonces el “tiempo todo lo cura” no es tan real.

Para nuestra mente no existe pasado, todo es presente. Aquello que ocurrió sigue estando presente hoy en día. Aquellos conflictos que tuvimos de pequeños siguen presentes hoy. Nuestra mente es sincrónica, es decir todo está aquí y ahora. Entonces que ocurre con aquel tema del pasado que quedó sin resolver y que conscientemente no me afecta. Aquel tema ha quedado en un fondo. Es como si en nuestra conciencia hubiesen diferentes compartimentos, como diferentes archivos. Hay archivos que quedan en un fondo y aunque los temas no estén resueltos están a la espera. Estas carpetas saltaran de los archivos en cuando haya un caso que resuene con ellas, Por ejemplo: “no puede atravesar el duelo de mi padre, nació mi hija y tenía que poner toda la atención en ser madre”. El duelo de mi padre pasó a una carpeta con un sello de pendiente y se archivó en los “archivos del fondo”. Años después fallece una amiga y esa carpeta archivada; espontáneamente viene al frente, reclamando ser cerrada.

Todas las carpetas pendientes tienen energía, una energía latente que reclama salir en cualquier instante. A la vez nosotros tenemos que hacer fuerza en esos cajones para que no se abran e inunden nuestra vida. Y en ello ponemos parte de nuestra energía. Así nos quedamos con nuestro potencial minimizado. Todo esto sucede en el presente, no hay tiempos, no hay espacio, todo sucede en el instante en el aquí y ahora.

¿Cuál es la intención positiva de este mecanismo de archivos?¿Tiene sentido?¿Para qué?. Este es un tema de economía. Nuestra mente, nuestro cuerpo no es capaz de resolver todo a la vez. Además se pueden dar circunstancias en las que atravesar un duelo no es lo mejor para ese momento. Pongamos el caso extremo: una guerra donde fallece nuestro amigo del alma. En ese momento no tenemos tiempo de detenernos. Nuestra vida corre peligro. Lo más importante es salvarnos. Entonces el duelo queda archivado en un cajón de los archivos del fondo. Si los impactos emocionales son muy fuertes ese archivo puede contener tanta energía que se convierte en trauma. También en un TEPT trastorno por estrés postraumático.

A veces pareciera que la vida es cíclica y nos trae una y otra vez situaciones parecidas a aquellas que contienen las carpetas de los archivos del fondo para poderlos solucionar. Como si la única finalidad de la vida fuese cerrar asuntos para poder ser más espontáneos. Otro diría que en realidad la vida, nuestra vida tiende hacia la salud. Y nosotros, una y otra vez, no queremos abrir las carpetas de esos asuntos inconclusos llevándola a los archivos del fondo.

¿Cómo es tu sala de archivos? ¿Cuánta energía hay en esas carpetas?¿Cómo te dificultan? Y sobre todo ¿cómo sería tu vida si abrieras deliberadamente esas carpetas pendientes y las cerraras definitivamente?. ¡Yo te lo diré!. Existe otra sala de archivos que se llama archivos de aprendizajes, ahí van esas carpetas cerradas, no desaparecen, y también están en los “archivos del fondo”. Estas son herramientas y recursos que también surgen espontáneamente y se hacen figura cuando tú los necesitas.

Jordi Gil.

 

EL MIEDO A LA MUERTE: EFECTOS DE UN TALLER DE FORMACIÓN PARA TERAPEUTAS Y ENFERMERAS.

 

JORDI GIL BAQUERO

Psicoterapeuta, Trabajador Social, Doctorando en Evolución y Cognición Humana, Universitat de les Illes Balears.

Resumen

Nuestra sociedad occidental y contemporánea le ha dado la espalda a la muerte. La lucha de la tecnología médica que ha dado muy buenos frutos, también contempla desde su misión tomar a la muerte como el enemigo, contra la que se debe luchar. La muerte así ya no es contemplada como parte de la vida sino como excluida de la misma. Los profesionales de la salud y de la ayuda no escapan a estas estructuras conceptuales tan arraigadas. Ellos se enfrentan con la muerte día a día desde sus miedos. El presente estudio son los resultados de un taller experiencial donde a través de unos ejercicios vividos se enfrentan los individuos a su propia muerte. Este tipo de formación no teórica puede ayudar a los técnicos de la ayuda a tomar una actitud más arraigada y con más presencia, delante de moribundos o dolientes.

Abstract

Our contemporary Western society has turned its back to death. The struggle of medical technology which has given very good results also included in its mission also includes taking death as the enemy, against whom he must fight. So death is no longer seen as part of life but as excluded from it. Health professionals and support do not escape these conceptual structures so entrenched. They face death every day from their fears. The present study results are an experiential workshop where some lived through self-experience exercises face their own death. This type of non-formal training can help support technicians to take a more entrenched attitude and presence, before dying or suffering.

Introducción.

La actitud delante de la muerte en nuestras sociedades occidentales es de recelo y negación del hecho de morir. Delante de la muerte, la sociedad postindustrial ha sufrido una evolución desadaptativa, retrocediendo de la mano de “progreso” de las actitudes saludables del afrontamiento y la aceptación, a las prefóbicas del sinvivir por su temor y a la fóbicas de su negación. (Gala León et al. 2002).

En la sociedad occidental de la Edad Media,siglo V, la muerte era algo natural y dominaba la vida cotidiana. El enfermo era el primero en saber que iba a morir, “sentía que su final se acercaba”. Si el agonizante no lo advertía esperaba que los demás lo hicieran para prepararse para su final. Se originó en Europa de finales de la Edad Media el nacimiento del género de las llamadas ars morendi. Eran tratados que prescribían como debía prepararse el buen cristiano para morir. Hoy, por el contrario las instituciones hospitalarias han hecho de la muerte algo clandestino. El médico está preparado para la vida pero no para el hecho de la muerte. Cuando esta acontece son las enfermeras que venciendo a su angustia con un afrontamiento protocolario se encargan de asistir en los últimos momentos al yaciente.

 

La muerte siempre fue objeto de profundas reflexiones filosóficas, religiosas, historiográficas y también científicas. Para Heidegger, la muerte, se trata de una amenaza de la afirmación del ser. El filósofo hace una diferencia entre los conceptos de temor y miedo. Aunque aparentemente son sinónimos, no tienen el mismo significado. El miedo, es en referencia a algo externo. Siempre tiene relación con una cosa o persona determinada. El miedo es la emoción que surge de una amenaza. El hombre se preocupa por su propio ser en el mundo. El hombre aparentemente huye del miedo, pero en su esencia, su huida es del temor.

El temor no se encuentra en un objeto determinado. En el temor el hombre se aparece como un ser arrojado a un mundo enajenado. El temor es al mundo tal y como es. Entonces en un proceso evitativo el hombre trata de ser como los otros. Es cuando queda alienado de su propio ser, de su propia autenticidad. Su existencia se vuelve inauténtica. Atravesando el temor, el hombre se encuentra con su propio ser. Se enfrenta con su ser como proyecto inacabado y como posibilidad del ser. Este es un proyecto caído; caído porque aún no se ha conocido a sí mismo. El temor es a la imposibilidad del hombre a ser proyecto y puede ser truncado con la muerte. Por lo tanto el temor es a la muerte del ser.  Para Heidegger, la muerte es la nada, el vacío y en contacto con ella podemos encontrar el proyecto para nuestro ser y nuestra libertad.

En nuestro tiempo la muerte se esconde. Nuestro tiempo es una carrera por la “vida” , y la juventud perpetua, más allá de la muerte. Esta fuga según Heidegger es la expresión del temor a la muerte. Así nuestro ser está enajenado de sí mismo ocultando lo que es más intrínseco a él, su propia muerte. La muerte por lo tanto tiene que ver con la libertad del hombre, ya que la libertad de ser auténticamente uno mismo se revela en el temor como libertad-para-la-muerte.

Para Aranguren (1963), el análisis Heideggeriano de la muerte como pre-ocupación anticipándose a ella a través de la angustia, adolece de una deficiencia radical. Comparte con el filósofo alemán que en la angustia por la muerte hay una interiozación de esta. La preocupación por la muerte nos pertenece y forma parte de nuestra existencia. También es cierto, por el contrario, que hay algo que no puede humanizarse, “anticiparse” e interiorizarse con el pensamiento: “la hora de la muerte”, es decir, el acaecimiento real de la muerte.

La muerte, en el pensamiento de Aranguren, es lo contrario a la vida. Paraliza y extingue aquella. Ocurre con la preocupación de la muerte lo que con la muerte misma: que son enemigos de la vida. La muerte, hoy por hoy, no puede ser eliminada, pero la preocupación sí.(Aranguren, 1963)

En el siglo XXI, la huida de la muerte es la actitud más extendida, si cabe, cada vez más acentuada. Hay factores observables que hacen de la muerte una negación. No podemos representarnos la imagen de muerte ni un mundo del que hayamos desaparecido. Las creencias en el cientifismo como sustitutas de las creencias religiosas, donde a través de la fe explicaban que ocurría con los muertos, nos sitúa en un punto de vacío y de temor por lo desconocido. Hay una cultura juvenil imperante donde, como si todos fuéramos adolescentes, se reprime el pensamiento de la muerte. Incluso los mayores intentan imitar a los jóvenes. Los avances tecnológicos fomentan la esperanza de que algún día se vencerá a la muerte, en una pseudociencia irreal, donde se apoya el engaño. Da la impresión de que se muere por accidente, que la muerte no es ya un proceso natural, sino derivado de un fallo o error. Por su parte, en los entierros se procura evitar los cadáveres, maquillándolos como si estuvieran vivos. (Enrique Bonete, 2008).

Kierkegaard (1803-1855), trata la angustia a la muerte no como un enfrentamiento del ser a la muerte. Era contrario a la filosofía Hegeliana dialéctica imperante en la época. El asunto de la muerte es una cuestión de toma de decisiones. La libertad, es la libertad de decidir. La angustia ante la decisión es la angustia ante la muerte. Y el sentimiento de vacío es ante la libertad. Como solución propone la búsqueda de la fe. La fe es irracional pero “sabe”. El humano es racional, por lo tanto el asunto de la muerte es en sí, irracional y un acto de fe.

Kierkeggard expone tres fases en las que está involucrado todo ser humano. Estas fases son evolutivas y de crecimiento del ser. La primera fase y más mundana es la ETICA: en esta fases estamos inmersos con nuestros personajes, ocupamos unos rolles en la sociedad. Se caracteriza por la seriedad y unas leyes morales. Se une a Kant valorando la disposición mental de la persona frente a la moral. La segunda fase es la ESTETICA: quien vive esa fase vive el momento, es un fase más individual. La búsqueda de la belleza y el placer son las características más definitorias de esta fase. La tercera es la RELIGIOSA: elige la fe ante el placer y los deberes de la razón para hallar la conciliación. Para el filósofo esta fase era el cristianismo. En cualquiera de las dos primeras fases el hombre termina por cansarse y depende de como brote de su interior, el hombre debe elegir saltar de una fase a otra y cambiar de actitud ante la vida hasta que consiga estar feliz. Para Kierkegaard sólo la fase religiosa conlleva a la armonía total.

Los miedos más comunes del enfermo terminal tienen las siguientes formas, (Bermejo, 2015)

  1. Miedo a que vaya a sufrir mucho: la mayoría de los enfermos terminales se plantean dudas y se angustian por si el hecho de morir les implica sufrimientos físicos o psíquicos.
  2. Miedo a que no vaya a recibir la atención adecuada: el perder el control de la situación angustia a algunos pacientes que de repente se ven dependientes de las circunstancias del cambio de contexto y de los demás.
  3. Miedo a lo que pasará con los suyos tras su muerte.
  4. Miedo a que su ser querido adivine la enfermedad: y los seres queridos prefieren no hablar de ello para no preocupar al enfermo. Todos tienen conciencia de la situación y nadie la nombra.
  5. Miedo a estar sólo en el momento de morir.
  6. Miedo a lo desconocido: preguntas como ¿qué ocurre en el más allá?. ¿qué ocurre después de la muerte?

Al analizar el tema del miedo a la muerte encontramos documentación en estudios realizados con personal sanitario. No discrimina este hecho el que en otras profesiones también existe ese mismo miedo: Trabajadores Sociales, Educadores Sociales, Psicólogos, y otras profesiones que por su particularidad, se enfrentan a la muerte.

Gala León et al (2002) sostienen que las principales actitudes en torno a la muerte del Personal Sanitario, se centran en:

  1. No querer nombrar a la misma muerte, y por ende, tampoco a las patologías que creemos asociadas a ellas. Así se establece una comunicación hipócrita que trata de enmascarar la realidad. Todo ello “para evitarle angustias al enfermo”, cuando en realidad es el propio Personal que proyecta sus miedos en el enfermo. Los pacientes también son cómplices de esta estrategia evitativa.
  2. No miran a la cara al enfermo; evitan su contacto, lo grave es que esa actitud es notada por el paciente y sabe así lo que quiere ser ocultado.
  3. Aumento de la atención tecnológica y del encarnizamiento terapéutico; el PS con el sentimiento de culpa que le genera su conducta y sus actitudes, quiere expiarse pagando con tecnología lo que retira con su afectividad y humanismo. El resultado es que el morir se convierte en algo solitario y vergonzante.

 

El fenómeno de la muerte puede condicionar actitudes individuales y sociales que condicionan el propio proceso vital y también influye en el desempeño de las funciones profesionales. El miedo a nuestra propia muerte es proyectado en el contacto con el moribundo, el resultado por parte del profesional puede ser una atención inadecuada al poner toda la atención en escapar de la angustia.

Trabajos realizados anteriormente como el de Maglio y Robinson (1994) constatan en un metaanálisis realizado sobre 62 trabajos publicados sobre el tema, concluyen que la educación para la muerte no sólo no contribuye a disminuir los grados de ansiedad hacia la muerte, sino que los incrementa, aunque este incremento es menor cuando los programas de educación son experienciales y mayor con los teóricos. Otro estudio, esta vez de Johanson y Lally (1990), constató que un programa de educación para la muerte dio como resultado una disminución significativa de la AM en estudiantes de los últimos cursos de enfermería, mientras que el mismo programa incrementó los grados de ansiedad en los de primer curso. De aquí concluye Sábado et al.(2006) que la eficacia de la educación para la muerte en la disminución de los grados de AM está relacionada no sólo con los conocimientos adquiridos sobre el tema, sino que depende, sobre todo, de las expectativas previas del sujeto.

Realizamos un taller experiencial con técnicas psicodramáticas, de Gestalt y Constelaciones familiares, con este podemos acercar a profesionales de la ayuda a enfrentarse con su propia muerte. Esta vivencia fenomenológica llevaría a los que la transitan a tener una actitud delante de sus pacientes o usuarios dolientes o moribundos más firme y sin resistencias evitativas. Esta segunda afirmación no es parte de este estudio, por tanto sería recomendable medir como es el afrontamiento delante de sus pacientes o usuarios después del taller.

 

 

Método

 

Sujetos

El estudio se enmarca dentro de un taller de formación experiencial para alumnos de la escuela Estena en el módulo TEC (Terapias Emocionales y Corporales). Los alumnos vienen asistiendo a diferentes talleres para formarse como terapeutas emocionales. El número de individuos es de 20, las profesiones son variadas, en su mayoría relacionadas con la ayuda (enfermeras, médicos, terapeutas, trabajadores sociales, etc).

 

Objetivos del taller

General: Dotar a los participantes de herramientas para cambiar sus actitudes en el acompañamiento al doliente. Trabajar la propia muerte y sus duelos. Expresamos las emociones implícitas delante de su propia muerte y tomamos algunos duelos inconclusos para expresar aquellas emociones que aún no fueron expresadas, cerramos gestalts inconclusas y así disponemos de más energía para tomar una actitud diferente frente al otro y a nosotros mismos cuando nos ponemos delante de la muerte.

Específico: Estimular la memoria deliberada para ponerlos en contacto con las imágenes que aparecen en relación a los acontecimientos alrededor de la muerte de sus propias vidas. También estimular la memoria de los ancestros con los duelos. Expresar todas las emociones que hayan sido excluidas o guardadas en el “fondo”. Trabajar tanto con la memoria como con algunos ejercicios de bioenergía, relajación profunda, visualización y masajes. Acompañar todo el taller con música para estimular las imágenes.

 

Metodología.

Se somete a todos los participantes a vivir experiencias relacionadas con su propia muerte. El encuadre teórico es el propio de la terapia Gestalt; los conocimientos no se adquieren de manera sólo cognitiva sino que la experiencia propicia que se efectúen cambios integrales. Los cambios son producidos por un “awareness”, darse cuenta, integral: el cuerpo, la cognición y las emociones entienden y aprenden algo nuevo.

 

Procedimiento análisis de datos.

Al inicio del taller se pide la intervención oral de los asistentes en una ronda con una pregunta semi-estructurada. La intención de la ronda es averiguar como es la angustia frente a la muerte antes de hacer el taller, al final del taller tendrá lugar la misma ronda con la pretensión de haber obtenido cambios en sus discursos. Las preguntas que se les formulan son abiertas. Se les pide su nombre, que profesión desempeñan y si sienten y como sienten ansiedad hacia la muerte. La investigación se centra en la técnica de historias de vida focales (J.Campony et al. 2009), es decir abordamos sólo un tema en el curso de la experiencia del entrevistado.

 

Intervención.

Después de la entrevista inicial se somete al grupo a una serie de dinámicas relacionadas con su propia muerte. El taller es impartido por un profesor especializado y tres ayudantes. La duración es de 8 horas, con un horario repartido entre mañana y tarde, todo el mismo día. La intención es que puedan enfrentar sus propios miedos. Las experiencias guiadas por el facilitador pasan desde introducir a los primeros contactos que de niños o adultos se tuvieron con la muerte a través de un cuestionario; hasta, con técnicas de visualización, experimentar como sería el momento de nuestra muerte. Si estuviesen interesados en los ejercicios del taller pueden pedir información al siguiente correo electrónico [jordinat63@yahoo.es].

 

Resultados

Se recogieron un total de 16 discursos, de los cuales 14 eran mujeres y dos eran hombres. Las edades estaban comprendidas entre 30 y 50 años. Las profesiones, aunque dispares todas estaban relacionadas con la ayuda: enfermeras, psicólogos, trabajadores sociales, etc..

TABLA 1. Análisis de miedos por tipologías.

 

TABLA 2. Resultados de los miedos por tipologías.

 

De los dieciséis individuos nueve de ellos expresan no tener miedo a la propia muerte, aunque si tienen otros miedos relacionados con el tema. Un miedo muy común es morir y no haber hecho lo que se supone que tenían que venir a hacer en esta vida. Hay cinco individuos que dicen tener miedo a la muerte, de ellos dos, dicen tener miedo a lo desconocido. Hay seis individuos que lo que les da miedo es comprobar que no han hecho en la vida lo que se supone que venían a hacer. El miedo a la enfermedad o al sufrimiento antes de la muerte es manifestado por cuatro individuos y también cuatro manifiesta sentir más miedo a la muerte de sus seres queridos que a la suya propia. Otros tipos de miedo, como el miedo al momento mismo de la muerte o a la pérdida de la autonomía, no son más que subtipologías del miedo a la enfermedad y al sufrimiento.

 

TABLA 3. Contenido del análisis del discurso después de realizar el taller.

 

 

 

 

 

 

 

TABLA 4. Resumen de respuestas después del taller por tipologías.

 

 

Más de la mitad de los individuos declaró, después del taller, sentirse muy aliviado. Valoraron la experiencia como muy positiva. Siete individuos llegaron a la reflexión de que hay que vivir el momento, “vivir la vida”, aprovechar el tiempo. Seis individuos dijeron que se sentían muy cansados después de la actividad y que la misma les pareció muy dura. Algunos, al menos tres aprovecharon el taller para trabajar algunos duelos que tenían inconclusos. Las creencias sobre la idea de que hay algo más después de la muerte, la expresaron tres de los miembros. Los que anteriormente expresaron miedo a la degeneración y a la enfermedad declararon que este sentimiento se alivió. Tres de los participantes imaginaron que su muerte sería más serena y tranquila. Después de la experiencia dos de ellos seguían sintiendo más miedo a la muerte del otro que a la propia muerte. Algunos, al menos dos no se implicaron y así lo declararon. Sólo uno declaró vivir el proceso como muy natural.

 

Discusión.

El análisis de los resultados de los miedos antes de hacer el taller y con la exposición futura al mismo corroboran lo que ya subrayan muchos estudios: lo que produce temor en la mayoría de las personas no es tanto el hecho de la muerte en sí, sino los acontecimientos impredecibles previos a ella, es decir el proceso de morir y no la muerte misma.(Bermejo, 2015). La mayoría de los participantes declararon al principio no tener miedo a la propia muerte. Los que admitieron tener miedo a la muerte habían tenido experiencias cercanas o vividas de manera traumática con algún suceso de muerte de un ser querido. El caso 5 : “si que me da mucho miedo la muerte, mi muerte. No puedo pensar en ello, me entra muchísima angustia. Miedo a lo desconocido. Y además por supuesto a una enfermedad grave con dolor…lo he vivido en la familia y encuentro que es horrible”. El caso 6: “…con respecto a la muerte propia no es miedo lo que tengo, es terror, es una cosa horrorosa. De hecho no puedo ir al cementerio…se murió una prima mía hace un año muy joven, el hecho de ir al cementerio me creo una paranoia brutal que tuve que ir al psiquiatra, no, no puedo. Me da mucho miedo pensar que después de la muerte no hay nada mas”. Caso 11: “ En mi familia siempre ha habido un tabú con la muerte. Vengo de un país muy convulsionado (Colombia), donde se vive y se aprende a convivir con la muerte todos los días…en general siempre he tenido pánico a la muerte, terror. Es lo peor que te puede pasar”. Caso 16: “ He tenido una tía que tenía artrosis…(muy emocionada). Tengo un mioma sangrante,(largo silencio). Me he hecho un seguro privado. No me da miedo la muerte, creo, claro mi hija es pequeña. Creo que no me da miedo (se emociona)”.

Algunos de los que declaran no tener miedo a la muerte no narran experiencias propias y sentidas. En muchos casos son enfermeras y sus discursos tiene que ver con el sufrimiento que ven en el otro, por ejemplo en el caso 4, una enfermera: “ A mi la muerte en si no me provocaría ninguna angustia, pero si que es verdad que…bueno trabajo con paciente y mueren la mayoría en sufrimiento. Las enfermedades degenerativas los dejan en una posición en las cuales ellos…”. En este hace una disociación y se aleja de la experiencia. El caso 12: “Mi visión de la muerte, bueno, ehh…me he criado en el campo…bueno he visto nacer, he visto crecer y he visto morir a los animales. Mi forma de ver el dolor..no se como explicarme. Se tiene miedo a entrar en un proceso en el que ves venir la muerte e irremediablemente no puedes hacer nada. Desde mi punto de vista ese momento llega en que naces y no puedes hacer nada”. En este discurso hace una racionalización (término psicoanalítico, introducido por E.Jones, 1908), Da una explicación coherente, no contacta con su sentir, es una resistencia o compulsión defensiva.

Los que tienen miedo han tenido alguna experiencia cercana o traumática que hace que contacten más con la muerte. Los casos que manifiestan no tener miedo a la muerte, tienen unos discursos algunos proyectivos y otros  racionalizados que los aleja de la experiencia. No queremos decir con esto que todos los que manifiestan no tener miedo a la muerte en realidad si que lo tienen y emplean mecanismos de defensa en sus narraciones. Tendríamos que emplear otras técnicas para individualmente atravesar esas aparentes resistencias y comprobar que si o que no hay miedo a la muerte. Si que es un dato a tener en cuenta el que en la primera ronda cuando preguntamos sobre los miedos a la muerte nueve personas declaran que no le tienen miedo a morir. En la segunda ronda, cuando preguntamos como fue su experiencia en el taller y como es su miedo ahora a la muerte, sólo dos dicen no tener miedo a morir.

Otros manifiestan no tener miedo a la muerte, pero si al sufrimiento, el caso 2: “Todo lo que es el dolor y el sufrimiento. Lo que es la propia muerte en el sentido de morir no me representa ninguna angustia.”. Señalar también como las creencias en que pueda existir vida después de la muerte hace que el temor ante la misma disminuya. Caso1:” No ha cambiado mi forma de pensar respecto a la muerte, no le tengo miedo. Además creo que hay algo más allá, somos energía, la energía se transforma…”.Caso 10: “Creo que el cuerpo hará lo que quiera pero mi mente y mi alma se irán también y seguirán viviendo”. Resaltar el caso 11 donde una mujer decía tener unas creencias espirituales muy firmes que hacían que su miedo a la muerte fuese menor. Con la experiencia del taller se dio cuenta de que toda esa estructura de creencias no le servían y que se enfrentaban con todos sus miedos al taller:” Pasó algo muy curioso que me tiene muy reflexiva. Creo o creía que llevaba una vida muy espiritual pero en ese momento, no me acordé de nada. Toda la película que tengo montada, lo que es la película neoespiritual…no apareció nada de eso. En lugar de la película apareció el pánico. Porque si yo me hubiera montado la película que yo se, no hubiera pasado nada y feliz(jajajjajaj). ….Luego cuando me levanté de verdad sentí como si se hubiera levantado mi alma. Me sentí superliviana….el taller fue una liberación”.

El objetivo del taller: enfrentarse con los propios miedos a la muerte con la finalidad de tener una actitud no tan temerosa delante de usuarios o pacientes, tuvo como resultado  la confirmación de que al menos nueve de los participantes declararon sentirse muy aliviados y tranquilos después de la experiencia. Siete de ellos hacen la reflexión de que deben vivir más el momento y aprovechar el tiempo.

Coincidimos con Sábado et al.(2001), en que este tipo de cursos proporcionan una información útil y beneficiosa para el desarrollo de su trabajo en los “profesionales de la ayuda”, disentimos, no obstante, de las formaciones sólo teóricas que no se implican emocionalmente a los participante. Este tipo de cursos tienden a crear más ansiedad que a liberar los miedos. Los miedos no pueden ser teorizados si afrontados.

 

 

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EL MIEDO A LA MUERTE: EFECTOS DE UN TALLER DE FORMACIÓN PARA TERAPEUTAS Y ENFERMERAS.

 

JORDI GIL BAQUERO

Psicoterapeuta, Trabajador Social, Doctorando en Evolución y Cognición Humana, Universitat de les Illes Balears.

Resumen

Nuestra sociedad occidental y contemporánea le ha dado la espalda a la muerte. La lucha de la tecnología médica que ha dado muy buenos frutos, también contempla desde su misión tomar a la muerte como el enemigo, contra la que se debe luchar. La muerte así ya no es contemplada como parte de la vida sino como excluida de la misma. Los profesionales de la salud y de la ayuda no escapan a estas estructuras conceptuales tan arraigadas. Ellos se enfrentan con la muerte día a día desde sus miedos. El presente estudio son los resultados de un taller experiencial donde a través de unos ejercicios vividos se enfrentan los individuos a su propia muerte. Este tipo de formación no teórica puede ayudar a los técnicos de la ayuda a tomar una actitud más arraigada y con más presencia, delante de moribundos o dolientes.

Abstract

Our contemporary Western society has turned its back to death. The struggle of medical technology that has given very good results, since its mission also includes taking death as the enemy, against whom he must fight. So death is no longer seen as part of life but as excluded from it. Health professionals and support do not escape these conceptual structures so entrenched. They face death every day from their fears. The present study results are an experiential workshop where some lived through exercises individuals face their own death. This type of non-formal training can help support technicians to take a more entrenched attitude and presence, before dying or suffering.

Introducción.

La actitud delante de la muerte en nuestras sociedades occidentales es de recelo y negación del hecho de morir. Delante de la muerte, la sociedad postindustrial ha sufrido una evolución desadaptativa, retrocediendo de la mano de “progreso” de las actitudes saludables del afrontamiento y la aceptación, a las prefóbicas del sinvivir por su temor y a la fóbicas de su negación. (Gala León et al. 2002).

En la sociedad occidental de la Edad Media,siglo V, la muerte era algo natural y dominaba la vida cotidiana. El enfermo era el primero en saber que iba a morir, “sentía que su final se acercaba”. Si el agonizante no lo advertía esperaba que los demás lo hicieran para prepararse para su final. Se originó en Europa de finales de la Edad Media el nacimiento del género de las llamadas ars morendi. Eran tratados que prescribían como debía prepararse el buen cristiano para morir. Hoy, por el contrario las instituciones hospitalarias han hecho de la muerte algo clandestino. El médico está preparado para la vida pero no para el hecho de la muerte. Cuando esta acontece son las enfermeras que venciendo a su angustia con un afrontamiento protocolario se encargan de asistir en los últimos momentos al yaciente.

 

La muerte siempre fue objeto de profundas reflexiones filosóficas, religiosas, historiográficas y también científicas. Para Heidegger, la muerte, se trata de una amenaza de la afirmación del ser. El filósofo hace una diferencia entre los conceptos de temor y miedo. Aunque aparentemente son sinónimos, no tienen el mismo significado. El miedo, es en referencia a algo externo. Siempre tiene relación con una cosa o persona determinada. El miedo es la emoción que surge de una amenaza. El hombre se preocupa por su propio ser en el mundo. El hombre aparentemente huye del miedo, pero en su esencia, su huida es del temor.

El temor no se encuentra en un objeto determinado. En el temor el hombre se aparece como un ser arrojado a un mundo enajenado. El temor es al mundo tal y como es. Entonces en un proceso evitativo el hombre trata de ser como los otros. Es cuando queda alienado de su propio ser, de su propia autenticidad. Su existencia se vuelve inauténtica. Atravesando el temor, el hombre se encuentra con su propio ser. Se enfrenta con su ser como proyecto inacabado y como posibilidad del ser. Este es un proyecto caído; caído porque aún no se ha conocido a sí mismo. El temor es a la imposibilidad del hombre a ser proyecto y puede ser truncado con la muerte. Por lo tanto el temor es a la muerte del ser.  Para Heidegger, la muerte es la nada, el vacío y en contacto con ella podemos encontrar el proyecto para nuestro ser y nuestra libertad.

En nuestro tiempo la muerte se esconde. Nuestro tiempo es una carrera por la “vida” , y la juventud perpetua, más allá de la muerte. Esta fuga según Heidegger es la expresión del temor a la muerte. Así nuestro ser está enajenado de sí mismo ocultando lo que es más intrínseco a él, su propia muerte. La muerte por lo tanto tiene que ver con la libertad del hombre, ya que la libertad de ser auténticamente uno mismo se revela en el temor como libertad-para-la-muerte.

Para Aranguren (1963), el análisis Heideggeriano de la muerte como pre-ocupación anticipándose a ella a través de la angustia, adolece de una deficiencia radical. Comparte con el filósofo alemán que en la angustia por la muerte hay una interiozación de esta. La preocupación por la muerte nos pertenece y forma parte de nuestra existencia. También es cierto, por el contrario, que hay algo que no puede humanizarse, “anticiparse” e interiorizarse con el pensamiento: “la hora de la muerte”, es decir, el acaecimiento real de la muerte.

La muerte, en el pensamiento de Aranguren, es lo contrario a la vida. Paraliza y extingue aquella. Ocurre con la preocupación de la muerte lo que con la muerte misma: que son enemigos de la vida. La muerte, hoy por hoy, no puede ser eliminada, pero la preocupación sí.(Aranguren, 1963)

En el siglo XXI, la huida de la muerte es la actitud más extendida, si cabe, cada vez más acentuada. Hay factores observables que hacen de la muerte una negación. No podemos representarnos la imagen de muerte ni un mundo del que hayamos desaparecido. Las creencias en el cientifismo como sustitutas de las creencias religiosas, donde a través de la fe explicaban que ocurría con los muertos, nos sitúa en un punto de vacío y de temor por lo desconocido. Hay una cultura juvenil imperante donde, como si todos fuéramos adolescentes, se reprime el pensamiento de la muerte. Incluso los mayores intentan imitar a los jóvenes. Los avances tecnológicos fomentan la esperanza de que algún día se vencerá a la muerte, en una pseudociencia irreal, donde se apoya el engaño. Da la impresión de que se muere por accidente, que la muerte no es ya un proceso natural, sino derivado de un fallo o error. Por su parte, en los entierros se procura evitar los cadáveres, maquillándolos como si estuvieran vivos. (Enrique Bonete, 2008).

Kierkegaard (1803-1855), trata la angustia a la muerte no como un enfrentamiento del ser a la muerte. Era contrario a la filosofía Hegeliana dialéctica imperante en la época. El asunto de la muerte es una cuestión de toma de decisiones. La libertad, es la libertad de decidir. La angustia ante la decisión es la angustia ante la muerte. Y el sentimiento de vacío es ante la libertad. Como solución propone la búsqueda de la fe. La fe es irracional pero “sabe”. El humano es racional, por lo tanto el asunto de la muerte es en sí, irracional y un acto de fe.

Kierkeggard expone tres fases en las que está involucrado todo ser humano. Estas fases son evolutivas y de crecimiento del ser. La primera fase y más mundana es la ETICA: en esta fases estamos inmersos con nuestros personajes, ocupamos unos rolles en la sociedad. Se caracteriza por la seriedad y unas leyes morales. Se une a Kant valorando la disposición mental de la persona frente a la moral. La segunda fase es la ESTETICA: quien vive esa fase vive el momento, es un fase más individual. La búsqueda de la belleza y el placer son las características más definitorias de esta fase. La tercera es la RELIGIOSA: elige la fe ante el placer y los deberes de la razón para hallar la conciliación. Para el filósofo esta fase era el cristianismo. En cualquiera de las dos primeras fases el hombre termina por cansarse y depende de como brote de su interior, el hombre debe elegir saltar de una fase a otra y cambiar de actitud ante la vida hasta que consiga estar feliz. Para Kierkegaard sólo la fase religiosa conlleva a la armonía total.

Los miedos más comunes del enfermo terminal tienen las siguientes formas, (Bermejo, 2015)

  1. a) Miedo a que vaya a sufrir mucho: la mayoría de los enfermos terminales se plantean dudas y se angustian por si el hecho de morir les implica sufrimientos físicos o psíquicos.
  2. b) Miedo a que no vaya a recibir la atención adecuada: el perder el control de la situación angustia a algunos pacientes que de repente se ven dependientes de las circunstancias del cambio de contexto y de los demás.
  3.   c) Miedo a lo que pasará con los suyos tras su muerte.

d)Miedo a que su ser querido adivine la enfermedad: y los seres queridos prefieren no hablar de ello para no preocupar al enfermo. Todos tienen conciencia de la situación y nadie la nombra.

e)Miedo a estar sólo en el momento de morir.

f)Miedo a lo desconocido: preguntas como ¿qué ocurre en el más allá?. ¿qué ocurre después de la muerte?

Al analizar el tema del miedo a la muerte encontramos documentación en estudios realizados con personal sanitario. No discrimina este hecho el que en otras profesiones también existe ese mismo miedo: Trabajadores Sociales, Educadores Sociales, Psicólogos, y otras profesiones que por su particularidad, se enfrentan a la muerte.

Gala León et al (2002) sostienen que las principales actitudes en torno a la muerte del Personal Sanitario, se centran en:

  1. No querer nombrar a la misma muerte, y por ende, tampoco a las patologías que creemos asociadas a ellas. Así se establece una comunicación hipócrita que trata de enmascarar la realidad. Todo ello “para evitarle angustias al enfermo”, cuando en realidad es el propio Personal que proyecta sus miedos en el enfermo. Los pacientes también son cómplices de esta estrategia evitativa.
  2. No miran a la cara al enfermo; evitan su contacto, lo grave es que esa actitud es notada por el paciente y sabe así lo que quiere ser ocultado.
  3. Aumento de la atención tecnológica y del encarnizamiento terapéutico; el PS con el sentimiento de culpa que le genera su conducta y sus actitudes, quiere expiarse pagando con tecnología lo que retira con su afectividad y humanismo. El resultado es que el morir se convierte en algo solitario y vergonzante.

 

El fenómeno de la muerte puede condicionar actitudes individuales y sociales que condicionan el propio proceso vital y también influye en el desempeño de las funciones profesionales. El miedo a nuestra propia muerte es proyectado en el contacto con el moribundo, el resultado por parte del profesional puede ser una atención inadecuada al poner toda la atención en escapar de la angustia.

Trabajos realizados anteriormente como el de Maglio y Robinson (1994) constatan en un metaanálisis realizado sobre 62 trabajos publicados sobre el tema, concluyen que la educación para la muerte no sólo no contribuye a disminuir los grados de ansiedad hacia la muerte, sino que los incrementa, aunque este incremento es menor cuando los programas de educación son experienciales y mayor con los teóricos. Otro estudio, esta vez de Johanson y Lally (1990), constató que un programa de educación para la muerte dio como resultado una disminución significativa de la AM en estudiantes de los últimos cursos de enfermería, mientras que el mismo programa incrementó los grados de ansiedad en los de primer curso. De aquí concluye Sábado et al.(2006) que la eficacia de la educación para la muerte en la disminución de los grados de AM está relacionada no sólo con los conocimientos adquiridos sobre el tema, sino que depende, sobre todo, de las expectativas previas del sujeto.

Realizamos un taller experiencial con técnicas psicodramáticas, de Gestalt y Constelaciones familiares, con este podemos acercar a profesionales de la ayuda a enfrentarse con su propia muerte. Esta vivencia fenomenológica llevaría a los que la transitan a tener una actitud delante de sus pacientes o usuarios dolientes o moribundos más firme y sin resistencias evitativas. Esta segunda afirmación no es parte de este estudio, por tanto sería recomendable medir como es el afrontamiento delante de sus pacientes o usuarios después del taller.

 

 

Método

 

Sujetos

El estudio se enmarca dentro de un taller de formación experiencial para alumnos de la escuela Estena en el módulo TEC (Terapias Emocionales y Corporales). Los alumnos vienen asistiendo a diferentes talleres para formarse como terapeutas emocionales. El número de individuos es de 20, las profesiones son variadas, en su mayoría relacionadas con la ayuda (enfermeras, médicos, terapeutas, trabajadores sociales, etc).

 

Objetivos del taller

General: Dotar a los participantes de herramientas para cambiar sus actitudes en el acompañamiento al doliente. Trabajar la propia muerte y sus duelos. Expresamos las emociones implícitas delante de su propia muerte y tomamos algunos duelos inconclusos para expresar aquellas emociones que aún no fueron expresadas, cerramos gestalts inconclusas y así disponemos de más energía para tomar una actitud diferente frente al otro y a nosotros mismos cuando nos ponemos delante de la muerte.

Específico: Estimular la memoria deliberada para ponerlos en contacto con las imágenes que aparecen en relación a los acontecimientos alrededor de la muerte de sus propias vidas. También estimular la memoria de los ancestros con los duelos. Expresar todas las emociones que hayan sido excluidas o guardadas en el “fondo”. Trabajar tanto con la memoria como con algunos ejercicios de bioenergía, relajación profunda, visualización y masajes. Acompañar todo el taller con música para estimular las imágenes.

 

Metodología.

Se somete a todos los participantes a vivir experiencias relacionadas con su propia muerte. El encuadre teórico es el propio de la terapia Gestalt; los conocimientos no se adquieren de manera sólo cognitiva sino que la experiencia propicia que se efectúen cambios integrales. Los cambios son producidos por un “awareness”, darse cuenta, integral: el cuerpo, la cognición y las emociones entienden y aprenden algo nuevo.

 

Procedimiento análisis de datos.

Al inicio del taller se pide la intervención oral de los asistentes en una ronda con una pregunta semi-estructurada. La intención de la ronda es averiguar como es la angustia frente a la muerte antes de hacer el taller, al final del taller tendrá lugar la misma ronda con la pretensión de haber obtenido cambios en sus discursos. Las preguntas que se les formulan son abiertas. Se les pide su nombre, que profesión desempeñan y si sienten y como sienten ansiedad hacia la muerte. La investigación se centra en la técnica de historias de vida focales (J.Campony et al. 2009), es decir abordamos sólo un tema en el curso de la experiencia del entrevistado.

 

Intervención.

Después de la entrevista inicial se somete al grupo a una serie de dinámicas relacionadas con su propia muerte. El taller es impartido por un profesor especializado y tres ayudantes. La duración es de 8 horas, con un horario repartido entre mañana y tarde, todo el mismo día. La intención es que puedan enfrentar sus propios miedos. Las experiencias guiadas por el facilitador pasan desde introducir a los primeros contactos que de niños o adultos se tuvieron con la muerte a través de un cuestionario; hasta, con técnicas de visualización, experimentar como sería el momento de nuestra muerte. Si estuviesen interesados en los ejercicios del taller pueden pedir información al siguiente correo electrónico [jordinat63@yahoo.es].

 

Resultados

Se recogieron un total de 16 discursos, de los cuales 14 eran mujeres y dos eran hombres. Las edades estaban comprendidas entre 30 y 50 años. Las profesiones, aunque dispares todas estaban relacionadas con la ayuda: enfermeras, psicólogos, trabajadores sociales, etc..

TABLA 1. Análisis de miedos por tipologías.

 

TABLA 2. Resultados de los miedos por tipologías.

 

De los dieciséis individuos nueve de ellos expresan no tener miedo a la propia muerte, aunque si tienen otros miedos relacionados con el tema. Un miedo muy común es morir y no haber hecho lo que se supone que tenían que venir a hacer en esta vida. Hay cinco individuos que dicen tener miedo a la muerte, de ellos dos, dicen tener miedo a lo desconocido. Hay seis individuos que lo que les da miedo es comprobar que no han hecho en la vida lo que se supone que venían a hacer. El miedo a la enfermedad o al sufrimiento antes de la muerte es manifestado por cuatro individuos y también cuatro manifiesta sentir más miedo a la muerte de sus seres queridos que a la suya propia. Otros tipos de miedo, como el miedo al momento mismo de la muerte o a la pérdida de la autonomía, no son más que subtipologías del miedo a la enfermedad y al sufrimiento.

 

TABLA 3. Contenido del análisis del discurso después de realizar el taller.

 

 

 

 

 

 

 

TABLA 4. Resumen de respuestas después del taller por tipologías.

 

 

Más de la mitad de los individuos declaró, después del taller, sentirse muy aliviado. Valoraron la experiencia como muy positiva. Siete individuos llegaron a la reflexión de que hay que vivir el momento, “vivir la vida”, aprovechar el tiempo. Seis individuos dijeron que se sentían muy cansados después de la actividad y que la misma les pareció muy dura. Algunos, al menos tres aprovecharon el taller para trabajar algunos duelos que tenían inconclusos. Las creencias sobre la idea de que hay algo más después de la muerte, la expresaron tres de los miembros. Los que anteriormente expresaron miedo a la degeneración y a la enfermedad declararon que este sentimiento se alivió. Tres de los participantes imaginaron que su muerte sería más serena y tranquila. Después de la experiencia dos de ellos seguían sintiendo más miedo a la muerte del otro que a la propia muerte. Algunos, al menos dos no se implicaron y así lo declararon. Sólo uno declaró vivir el proceso como muy natural.

 

Discusión.

El análisis de los resultados de los miedos antes de hacer el taller y con la exposición futura al mismo corroboran lo que ya subrayan muchos estudios: lo que produce temor en la mayoría de las personas no es tanto el hecho de la muerte en sí, sino los acontecimientos impredecibles previos a ella, es decir el proceso de morir y no la muerte misma.(Bermejo, 2015). La mayoría de los participantes declararon al principio no tener miedo a la propia muerte. Los que admitieron tener miedo a la muerte habían tenido experiencias cercanas o vividas de manera traumática con algún suceso de muerte de un ser querido. El caso 5 : “si que me da mucho miedo la muerte, mi muerte. No puedo pensar en ello, me entra muchísima angustia. Miedo a lo desconocido. Y además por supuesto a una enfermedad grave con dolor…lo he vivido en la familia y encuentro que es horrible”. El caso 6: “…con respecto a la muerte propia no es miedo lo que tengo, es terror, es una cosa horrorosa. De hecho no puedo ir al cementerio…se murió una prima mía hace un año muy joven, el hecho de ir al cementerio me creo una paranoia brutal que tuve que ir al psiquiatra, no, no puedo. Me da mucho miedo pensar que después de la muerte no hay nada mas”. Caso 11: “ En mi familia siempre ha habido un tabú con la muerte. Vengo de un país muy convulsionado (Colombia), donde se vive y se aprende a convivir con la muerte todos los días…en general siempre he tenido pánico a la muerte, terror. Es lo peor que te puede pasar”. Caso 16: “ He tenido una tía que tenía artrosis…(muy emocionada). Tengo un mioma sangrante,(largo silencio). Me he hecho un seguro privado. No me da miedo la muerte, creo, claro mi hija es pequeña. Creo que no me da miedo (se emociona)”.

Algunos de los que declaran no tener miedo a la muerte no narran experiencias propias y sentidas. En muchos casos son enfermeras y sus discursos tiene que ver con el sufrimiento que ven en el otro, por ejemplo en el caso 4, una enfermera: “ A mi la muerte en si no me provocaría ninguna angustia, pero si que es verdad que…bueno trabajo con paciente y mueren la mayoría en sufrimiento. Las enfermedades degenerativas los dejan en una posición en las cuales ellos…”. En este hace una disociación y se aleja de la experiencia. El caso 12: “Mi visión de la muerte, bueno, ehh…me he criado en el campo…bueno he visto nacer, he visto crecer y he visto morir a los animales. Mi forma de ver el dolor..no se como explicarme. Se tiene miedo a entrar en un proceso en el que ves venir la muerte e irremediablemente no puedes hacer nada. Desde mi punto de vista ese momento llega en que naces y no puedes hacer nada”. En este discurso hace una racionalización (término psicoanalítico, introducido por E.Jones, 1908), Da una explicación coherente, no contacta con su sentir, es una resistencia o compulsión defensiva.

Los que tienen miedo han tenido alguna experiencia cercana o traumática que hace que contacten más con la muerte. Los casos que manifiestan no tener miedo a la muerte, tienen unos discursos algunos proyectivos y otros  racionalizados que los aleja de la experiencia. No queremos decir con esto que todos los que manifiestan no tener miedo a la muerte en realidad si que lo tienen y emplean mecanismos de defensa en sus narraciones. Tendríamos que emplear otras técnicas para individualmente atravesar esas aparentes resistencias y comprobar que si o que no hay miedo a la muerte. Si que es un dato a tener en cuenta el que en la primera ronda cuando preguntamos sobre los miedos a la muerte nueve personas declaran que no le tienen miedo a morir. En la segunda ronda, cuando preguntamos como fue su experiencia en el taller y como es su miedo ahora a la muerte, sólo dos dicen no tener miedo a morir.

Otros manifiestan no tener miedo a la muerte, pero si al sufrimiento, el caso 2: “Todo lo que es el dolor y el sufrimiento. Lo que es la propia muerte en el sentido de morir no me representa ninguna angustia.”. Señalar también como las creencias en que pueda existir vida después de la muerte hace que el temor ante la misma disminuya. Caso1:” No ha cambiado mi forma de pensar respecto a la muerte, no le tengo miedo. Además creo que hay algo más allá, somos energía, la energía se transforma…”.Caso 10: “Creo que el cuerpo hará lo que quiera pero mi mente y mi alma se irán también y seguirán viviendo”. Resaltar el caso 11 donde una mujer decía tener unas creencias espirituales muy firmes que hacían que su miedo a la muerte fuese menor. Con la experiencia del taller se dio cuenta de que toda esa estructura de creencias no le servían y que se enfrentaban con todos sus miedos al taller:” Pasó algo muy curioso que me tiene muy reflexiva. Creo o creía que llevaba una vida muy espiritual pero en ese momento, no me acordé de nada. Toda la película que tengo montada, lo que es la película neoespiritual…no apareció nada de eso. En lugar de la película apareció el pánico. Porque si yo me hubiera montado la película que yo se, no hubiera pasado nada y feliz(jajajjajaj). ….Luego cuando me levanté de verdad sentí como si se hubiera levantado mi alma. Me sentí superliviana….el taller fue una liberación”.

El objetivo del taller: enfrentarse con los propios miedos a la muerte con la finalidad de tener una actitud no tan temerosa delante de usuarios o pacientes, tuvo como resultado  la confirmación de que al menos nueve de los participantes declararon sentirse muy aliviados y tranquilos después de la experiencia. Siete de ellos hacen la reflexión de que deben vivir más el momento y aprovechar el tiempo.

 

 

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RECONFIGURACIÓN DE UN PROYECTO DE TESIS

Cuando nos acontece la muerte de un ser querido, empieza un proceso de aceptación de la nueva realidad, la pérdida del mismo. Está claro que la muerte es un hecho universal e inherente a todo lo vivo. No existe la muerte sin la vida, es un dicotómico. Una primera pregunta que me surge es si el proceso de adaptación a la muerte es universal o no. Si miro las fases del duelo, por ejemplo de Kubler-Ross: negación, rabia, negociación, tristeza y aceptación; observo en la mayoría de los casos, en mi consulta que está clara la primera fase, la negación. No están tan claras que las otras sean fases por donde irremediablemente deba pasar el paciente. La última fase, la aceptación también más o menos podría estar clara. Algunos autores han preferido dividir el proceso en tan sólo tres fases: shock, desorganización, organización. De esta forma no entrar en valorar las fases intermedias. Desorganización incluiría rabia, tristeza, y negociación.

Abrimos otro debate en la forma en que nos enfrentamos al duelo cuando hablamos de las emociones. ¿Es completamente necesario sentir las emociones que acontecen en el duelo para poder atravesarlo?¿Bastaría con resignificar la nueva imagen cognitivamente de la pérdida del ser querido? Aquí podemos incluir lo que Neimeyer observa en la diferencia de género en cuanto a atravesar el duelo. Los hombres en general parecen más reacios a entrar en lo emocional que las mujeres. Yo también en mi práctica clínica he observado cómo los hombres son menos emocionales que las mujeres. Es posible que la diferencia no sea tanto en la emoción sentida como en la emoción expresada.

Siguiendo con las fases del duelo, y la universalidad de esas fases. Y teniendo en cuenta que incluso los autores que están en contra de esas fases hablan de tres (shock, desorganización, organización). La siguiente pregunta que me surge es si estas son producto de la cultura occidental donde le hemos dado la espalda a la muerte. Y por lo tanto siempre nos sorprende y entramos en shock por ello, o más bien tiene que ver con un asunto relacional del ser humano universal. Donde al faltar un miembro del clan, nuestro ser necesita desorganizarse y volverse a organizar utilizando herramientas nuevas para la nueva situación.

Otro punto es el dolor. Duelo es dolor y afrontamiento. Primero: ¿el dolor es una emoción en sí o es el epígrafe de otras emociones que surgen en el duelo?. El dolor es emocional; pero ¿qué es dolor emocional?. ¿Y es necesario atravesar el dolor para procesar un duelo o puede hacerse sin dolor?. Las emociones que estarían incluidas en el apartado del dolor podrían ser rabia, tristeza, culpa, miedos. Todas ellas he visto que están en los procesos de duelo, al menos trabajando con dolientes de nuestra cultura occidental.

Otro punto que me planteo es cómo actúa la cultura, religiosa y sistema de creencias sociales y familiares en el proceso de duelo. La pregunta es: si ayuda a resignificar el duelo o por el contrario actúa como resistencia a entrar en contacto con el dolor. Si es como la segunda opción, posiblemente las creencias religiosas que ayudarían a reconfigurar la situación  harían que muchos procesos de duelo quedasen bloqueados.

Mi experimento basado en la metodología de la Gestalt. Pretende demostrar que el dolor por la pérdida de un ser querido es universal y atravesarlo es necesario para elaborar el duelo. Desde esta metodología: el organismo, el doliente,  se enfrenta al ambiente, la muerte del ser querido; y en ese contacto aparecen emociones, cuya función es reguladora (según la Gestalt). También aparecen mecanismos de defensa o resistencias en términos psicoanalíticos que impedirían ese contacto. Las proyecciónes, un tipo de resistencia,  que podrían ser, por ejemplo: ver más el dolor de los hijos, que el propio dolor por la pérdida del marido. Otra, dirigir  la rabia a la “incompetencia” de los médicos en lugar de dirigirla hacia la muerte, como ente, hacia Dios, o incluso hacia el propio fallecido por haberme abandonado. Los introyectos, que son creencias culturales, familiares o individuales, tales como “los hombres han de ser fuertes”, “hay que seguir hacia adelante, siempre”, “Dios se lo llevo, y está ahora a su lado”. Si ponemos en cuestión esos introyectos y nos aventuramos a sentir si ellos no estuviesen en nuestra configuración ¿qué ocurriría, de diferente?. También la confluencia donde no conseguimos sentir donde estamos nosotros y donde estaba el fallecido. Es como si entre los dos formáramos una unidad sin saber muy bien quien es cada cual. Las fronteras de contacto se diluyen cuando está presente este mecanismo. Si podemos discernir con claridad quienes somos nosotros y quien eran él también ahí aparecerían las emociones.

Resumiendo la discusión. Lo que planteo no es tanto si las fases del proceso son universales, tampoco si el proceso es universal. Si, y esto me parece más interesante, el lugar que ocupan las emociones en el proceso de duelo y si estás son necesarias y universales para poderlo atravesar. Y como consecuencia si no contactar con esas emociones hace que el duelo quede bloqueado, crónico o complicado.

Para ello propongo un experimento tomando individuos de diferentes culturas que estén en procesos de duelo y hacerles una terapia donde confrontaré sus mecanismos de defensa con las técnicas típicas de la terapia Gestalt. Mi hipótesis es que si logro atravesar sus resistencias y que hagan un contacto organismo/ambiente, todos sentirán el dolor emocional en sus múltiples facetas: tristeza, rabia, miedo, culpa. Independientemente de la cultura de la cual procedan.

El resultado es que si mi experimento funciona obtendremos una herramienta muy útil y eficaz para hacer acompañamientos en duelo sin necesidad de conocer la cultura de procedencia. Esto podría ser muy práctico para los técnicos de servicios sociales (trabajadores sociales, educadores sociales y psicólogos).

LAS RESISTENCIAS AL DOLOR EN EL PROCESO DE DUELO

 

Autor: Jordi Gil Baquero

 

RESUMEN

Uno de los objetivos principales de la terapia de duelo es permitir al paciente que experimente sus auténticos sentimientos. Sin embargo esto sólo puede llevarse a cabo venciendo la resistencia. La resistencia es una consecuencia inevitable del mecanismo básico que subyace en la neurosis, la represión de ciertos sentimientos demasiado dolorosos e inaceptables. El paciente pondrá mil obstáculos para que esos sentimientos salgan a la superficie. La función del terapeuta consiste en sondear los sentimientos, controlando el equilibrio entre la resistencia y la voluntad del paciente de resolver su duelo. Una terapia no invasiva como la terapia centrada en el cliente de Carls Rogers puede llegar hasta los sentimientos primarios venciendo los mecanismos de defensa.

ABSTRAT

 

One of the main objectives of grief therapy is to allow the patient to experience her true feelings. However this can only be done against the resistance. Resistance is an inevitable consequence of the basic mechanism underlying neurosis, repression of certain feelings too painful and unacceptable. The patient will thousand obstacles for those feelings to surface. The role of the therapist is to probe the feelings, controlling the balance between the strength and the will of the patient to resolve their grief. A non-invasive therapy such as client-centered therapy of Rogers Carls can reach primary feelings overcoming defense mechanisms.

 

INTRODUCCION

 

Cuando alguien pierde a un ser querido pone en movimiento intrincados procesos tanto externos como internos. Es necesario entonces reconfigurar completamente un campo que se ha alterado por la pérdida de uno de sus elementos significativos. La perspectiva de la terapia Gestalt tomo el concepto de campo de la física. Kurt Lewin (1951), diseño los enunciados básicos del campo: la conducta, dice Lewin,  ha de deducirse de una totalidad de hechos coexistentes, y estos hechos coexistentes tienen el carácter de un “campo dinámico”, el estado de cada una de las partes del campo depende de todas las otras. Cuando hablamos de campo dinámico lo hacemos desde una forma específica de ver y relacionarnos con la realidad, a modo de exploración que describe el campo total del cual el evento actual forma parte. En vez de analizarlo en términos de categoría a la que pertenece por su “naturaleza, o de una secuencia causa-efecto o histórica.(Lewin, 1951).

Con respecto al marco de intervención gestáltico cuando se habla de campo se habla de la relación entre el organismo y entorno humano: “organismo-ambiente”. Así en cualquier estudio sobre el hombre, como la fisiología humana, la psicología o la psicoterapia, debemos hablar de un campo donde, por lo menos, interactúan factores sociales, culturales, animales y físicos. (Perls; Hefferline y Goodman, 2002).  El campo, es un todo en el cual las partes están en relación y correspondencia inmediata unas con otras, y ninguna queda al margen de la influencia de lo que ocurre en otro lugar del campo. La persona en su espacio de vida constituye un campo. En la teoría de campo ninguna acción es a distancia: lo que provoca efectos debe tocar lo afectado en el tiempo y el espacio. Una persona es siempre parte del campo persona-ambiente, no hay dicotomía entre adentro y afuera, no hay un adentro y afuera separados. Organismo y ambiente forman un campo; se necesitan una y otra recíprocamente para su definición y su existencia. No se puede imaginar un organismo abstraído del medio ambiente, ya que éste contribuye a dar significado a su existencia y a su experiencia.

En la percepción del bebé, en un campo indiferenciado, junto con la experiencia repetida y predecible de los eventos y personas de su medio, el recién nacido empieza a formar y retener una imagen interna de estas personas, constituyéndose simultáneamente una figura interna. Para Lacan (1970), cuando un niño se reconoce por primera vez en el espejo, celebra la aparición de su imagen con un gesto de alegría, de júbilo o de éxtasis. Esta fascinación es interpretada por Lacan como la identificación del niño con su imagen, la que encuentra allí por primera vez reflejada de manera completa. En vez de ver sólo partes de su cuerpo, observa por primera vez la totalidad. El proceso que se pone en marcha aquí es el de la identificación con la imagen del semejante como forma total, lo que permitiría una “unificación imaginaria”.

Dos procesos, como mínimo, deben converger para que se produzca el estadío del espejo: la suficiente maduración de las áreas del cerebro especializadas en la percepción y procesamiento de la información visual; y que exista un semejante que le sirva de estímulo, en este aspecto aquí existe algo del tipo imprinting.

El semejante, al que alude en la segunda condición, aquel Otro, es en principio la madre (o quien cumple la función materna). Ella no sólo será el modelo visual y de contacto táctil en el cual se identifique corporalmente el niño o la niña (según el caso), sino que además la madre será configuradora de “la imago corporal”, al modelar al niño o la niña. Así el estadío del espejo revela la configuración del yo del sujeto. Como para que tal haya ocurrido ha sido menester el estímulo externo desde un semejante. Lacan (1970), deduce de allí que, en principio, inicialmente todo “yo es un Otro”. Pero el estadío del espejo por sí sólo, con la implicación de la madre o la función materna, no resultan suficientes para la subjetivación. Lacan (1970), deduce luego que se requiere un tercero. Es la función paterna la que permitirá mantener la noción de unidad corporal del sujeto y luego el desarrollo psíquico que deviene a partir de esta primera percepción de unidad.

Cuando un objeto externo se pierde, deja de existir, entonces falta la parte externa del objeto. Se crea entonces un desequilibrio homeostático del campo entero, externo e interno. Esto se experimenta como un vacío y reclama un reacomodo tanto en su figura externa como simultáneamente en su figura interna. Esta “fotografía interna” del objeto, su aparición con sus correspondientes emociones, forman una Gestalt interna, y corresponde con cada objeto externo que se presenta. Estas representaciones internas ayudan al bebe a reconocer a la figura externa cuando aparece y después a esperar y confiar en su reaparición.(Latner,1994). Así proponemos que cada figura diferenciada está compuesta por una figura interna que coincide con una figura externa y da lugar a una figura total. Ante esta globalidad (imagen externa, imagen interna) es ante lo que reaccionamos.

Para Frits Perls (1976), existen tres zonas: “zona externa” a la que pertenecen los objetos externos, “zona interna” a la que pertenecen los objetos externa como interna. Y una “zona intermedia” a la que él llama de fantasía. En esta intermedia es posible evocar el objeto sin que este se presente en el exterior. Sin embargo al faltar la parte externa, la interna se ve amenazada e incompleta y necesita reconfigurarse.

El duelo es un proceso, y como tal, implica necesariamente un movimiento que obliga a reconfigurar nuestro campo total. La persona se protege habitualmente del contacto doloroso que es el que reconfigurara la figura interna. Sin embargo la presunción del contacto con el dolor hace que aparezcan mecanismos de resistencia que “protegen” de ese dolor. También ayudan a que el proceso sea gradual y la reconfiguración sea de paso a paso.

DEL CONDUCTISMO A LA PSICOLOGÍA HUMANISTA.

En su breve período de vida, la psicología ha mostrado una notable evolución. Su inicio se debe a tres científicos alemanes: el matemático G. Fechner, (1801-1887), el físico y fisiólogo H.Won Helmholtz(1821-1894) y el experimentalista W.Wundt(1832-1920). A éste último se debe la fundación del primer laboratorio de psicología que marca el nacimiento oficial de la psicología como ciencia autónoma. La nueva ciencia aceptó datos de la fisiología pero desdeñó contenidos del método de la filosofía y de la teología. Los primeros fisio-psicólogos calificaron la nueva ciencia como “psicología sin alma”. Había nacido el conductismo.

Se pasa después y en convivencia con el conductismo a la llamada psicología de lo profundo, centrada en el estudio de los instintos y del inconsciente.

Por reacción al psicoanálisis se llega a la psicología de la trascendencia o “Tercera Fuerza”, también llamada Psicología humanístico-existencial”. Esta sostiene que el hombre no está determinado por motivaciones instintivas o ambientales ni dominado por dinamismos inconscientes, idea que sostienen los psicoanalistas,  sino que se encuentra animado por fuerzas interiores constructivas y orientadas hacia la realización de la persona. La Tercera Fuerza, se presenta con un carácter ecléctico, en su base se pueden distinguir distintas orientaciones seguidas por los representantes más significativos de esta corriente. La psicología humanista se separa del conductismo, a la vez que recoge varios conceptos del psicoanálisis. La terapia centrada en el cliente de Carls Rorgers, como la terapia Gestalt de Fritz Perls estarían enmarcadas en esta línea. (Giordani, 1997)

LOS MECANISMOS DE DEFENSA

Desde la orientación psicoanalítica, cualquier reflexión sobre las fuerzas que operan en los seres humanos llevan casi inevitablemente a clasificarlos en tres categorías. En primer lugar están las pulsiones básicas y las reacciones instintivas, que juntamente con las emociones o sentimientos que las acompañan, proporcionan la energía que conduce a la acción; en segundo lugar debe haber alguna función que haga de mediadora entre el impulso y la realidad, decidiendo cuando una acción es posible o no, también como debe ser llevada a cabo; debe haber una tercera función que concierne a la aprobación o no, por uno mismo o por los demás y que modifica la acción reforzándola o suspendiéndola. Podemos definir estas partes como partes de una estructura y definirlas como: instinto, la primera, ego la segunda  y conciencia la tercera parte.(Davanloo, 1992).

El Ego es el responsable de la defensas y media entre la pulsión y la realidad. Los mecanismos de defensa pueden ser inconscientes. (Davanloo, 1992).

En la relación de ayuda, al intervenir con el paciente se pueden producir diferentes tipos de mecanismos de defensa. Cian (1995) los categoriza en:

Negación: el doliente cancela de la conciencia la situación “inaceptable” de la muerte del ser querido: ”me siento como en una nube”.”Esto no puede haber ocurrido..”

Confluencia: se vive a sí mismo como si no hubiera ocurrido y sigue identificándose con el otro. Es parte de un proceso de idealización y de no poder asumir aún la realidad.

Proyección: permite quitar características negativas del fallecido y ponerlas en otros recipientes. También regula el enojo poniéndolo en otro lugar.

Introyección: preserva la imagen ideal del fallecido, quitando de momento lo negativo del vínculo. Ayuda a ir asimilando de a poco las características totales de la personalidad del fallecido y su vínculo con el doliente antes de destruir la configuración representativa de esa persona, que tiene que modificarse.

Fijación: puede haber un frenazo evolutivo en el proceso volviendo a comportamientos pasados.

Sublimación: es una descarga de energía en direcciones distintas. El doliente puede transformar su energía dolorosa en una actividad fructífera como por ejemplo formar un grupo de duelo. Si se produce en etapas tempranas del duelo puede ser una negación y bloquear el proceso.

Remoción: es una exclusión de la consciencia de contenidos o actividades “inaceptables”.

La formación reactiva: son comportamientos aceptados socialmente y diametralmente opuestos a los impulsos básicos. “Tienes que salir más…””Ya verás cómo en poco tiempo estarás bien”.

Ascetismo y Autismo: renunciar a la pulsión instintiva del placer, pueden someterse a castigos. Dirigen la energía de la rabia hacia sí mismos.

Racionalización: se acepta racionalmente lo inaceptable en el plano afectivo. Encuentra justificaciones, distorsionando la realidad. Es una agresividad idealizada y sublimada.

El perfeccionismo: ligado al aislamiento y a la racionalización. Reclama y se comporta en un como “debe ser” un proceso de duelo que intelectualiza.

La retirada emotiva: el alcoholismo, la toxicomanía e exceso de trabajo pueden surgir como reacción y evitación del dolor.

El mecanismo de defensa tiene una función de equilibrio homeostático, es un modo en que se estructura la personalidad humana. En el plano práctico es un medio de conservar el equilibrio interior para lograr una buena adaptación al sí mismo y al otro. En el plano de la subjetividad, todo mecanismo de defensa tiene su razón de ser. En la entrevista hace falta activar las defensas acertadas y evitar las defectuosas. Las defensas acertadas son las que eliminan lo reprimido, mientras que las defectuosas renuevan el proceso de represión.(Cian, 1995).

El uso de los mecanismos de defensa depende de: la naturaleza de las pulsiones instintivas al comienzo, en el periodo que tuvo lugar el conflicto; el contenido e intensidad del conflicto; el hecho que después de la frustración, haya surgido de inmediato la satisfacción substituta. En un yo fuerte, el mecanismo de defensa es un mecanismo de adaptación flexible. En un yo débil los mecanismos de defensa son rígidos y poco tolerables para el otro, todo estrés lo experimenta como excesivo y la realidad la percibe como amenazante. La finalidad del consejero dice Luciano Cian (1995) es transformar la energía utilizada para la defensa, en energía para la transformación.

 

 

LA RELACION DE AYUDA, MODELO TERAPIA CENTRADA EN EL CLIENTE (CARLS ROGERS).

 

Según Rogers, el cliente es el que lleva el peso de la terapia (auto-directiva) y no el terapeuta. Sin embargo, el terapeuta tiene que ofrecer al cliente una relación que se define por tres “condiciones necesarias y suficientes para lograr el éxito de la misma. Las características o condiciones son congruencia, transparencia y empatía. (Brazier,1997). La congruencia es la parte interna del terapeuta, que le pasa en el aquí y ahora y en relación con su cliente. La transparencia es su parte externa, o como comunica lo que le está pasando.

La terapia centrada en el cliente se opone al psicoanálisis en que el terapeuta interactúa en todo momento con el cliente, ya no es una pantalla en blanco. La congruencia requiere que el terapeuta esté altamente desarrollado, que conozco bien su propio mundo interno. Cuando esto no sucede el terapeuta puede entrar en incongruencia interna, ponerse a la defensiva por aspectos que pueden surgir en la terapia y que el terapeuta aún no se ha enfrentado.

          He llegado a comprender que ganar la confianza del otro no exige una rígida estabilidad, sino que supone ser sincero y auténtico. He escogido el término “coherente para describir la manera de ser que me gustaría lograr. Esto significa que debo poder advertir cualquier sentimiento o actitud que experimento en cada momento (Rogers, 1985,p.55).

¿El terapeuta debe comunicar todo lo que siente?. Lo que el terapeuta experimenta en contacto con el cliente se considera un material muy útil (Von Balen,1990). Hay discusión en torno a que comunicar al cliente y que no expresar. Carls Rogers (1962) dice, entorno a esta cuestión.

¿Qué es lo que el terapeuta puede y no puede revelar?¿Y cuál es el mejor momento para hacerlo?”cuando sea apropiado”.

La empatía es la forma de conocer el mundo interno del cliente. Es una forma especial de “conocer” (Greet Vanaerschot, 2004). En la experiencia empática cliente y terapeuta experimentan juntos. La respuesta empática es una forma de comprobar la hipótesis del terapeuta. El terapeuta actúa como un reflejo del sentimiento del cliente (Gendlin, 1968).

Las consecuencias de crear un clima empático en el espacio terapéutico son: que nos sentimos valorados y aceptados como personas. También  nos sentimos reafirmados en nuestra existencia como personas autónomas y valiosas. De este modo es posible que aprendamos a aceptar nuestros sentimientos. La empatía disuelve la alienación y aprendemos a confiar en nuestra propia experiencia.

El impacto de la respuesta empática tiene como consecuencia el profundizar y facilitar la experiencia y la reestructuración cognitiva. El profundizar sobre la propia experiencia nos ayuda a explicar lo implícito y nos pone más en contacto con los sentimientos que surgen de lo experimentado. “Hay que dar vida a aquello sobre lo que se está hablando” (Martín, 1983).

La comprensión empática es la capacidad de ver el mundo tal y como lo ve el otro. El terapeuta prestará especial atención al campo perceptivo del cliente (que significa para el cliente) y al componente afecto (como lo siente).

La técnica de la respuesta-reflejo, es devolver al cliente lo que él mismo ha dicho con la finalidad de que el propio cliente puede comprenderse. Cuando el terapeuta repite al cliente lo que escucho le da pruebas de haberlo escuchado y ayuda a que aquel se concentre sobre su propia experiencia, con la respuesta reflejo se evitan juicios. La reformulación, resumiendo lo que el cliente expresa, hace explícito el contenido cuando no es claro. La técnica de reflejar hace función de espejo y permite verse el cliente así mismo. El terapeuta puede verificar constantemente sus propias intervenciones.

CONCLUSION

La terapia del duelo por la muerte de un ser querido la hace más especial que otro tipo de proceso de cambio. El paciente se encuentra muy vulnerable y con parte de sus defensas caídas. Inconscientemente intenta defenderse de un ambiente que no le es grato. Como ya hemos dicho es necesario poder experimentar los sentimientos genuinos para poder cerrar las diferentes “gestalten” que aparecen en el proceso. Si se atraviesan los sentimientos de las resistencias de los mecanismos de defensa de una manera invasiva, lo más probable es que el doliente abandone la terapia. Si de una manera no directiva se acompaña al paciente a ir revisando lo que le ocurre dejando que lo que está en el fondo emerja por sí sólo, el paciente experimentará confianza y empatía con el terapeuta y su proceso. El terapeuta no debe olvidar su objetivo, y en ello pone la intención, de dar un espacio para que el paciente experimente y exprese sus sentimientos. Tal y como dice la terapia centrada en el cliente de Carls Rogers, también el terapeuta debe mostrarse auténtico: congruente con sus propios sentimientos y transparente en su decisión de comunicar o no aquellos sentimientos propios que puedan servir al proceso. El terapeuta se convierte aquí en un acompañante firme, en el proceso que vive el doliente. Cuando digo firme también el terapeuta deberá estar atento a sus propias contratransferencias, aquellos temas que puedan abrir procesos propios que permanecen en su inconsciente y que no tiene aún resueltos. Es necesario para poder estar presente como acompañante, que él mismo, tenga resueltos sus propios duelos. En caso contrario podría interferir en la terapia. En ese caso es importante saber derivar el paciente a otro profesional más especializado.

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